Arte y Artesanía - Conceptos generales
Esta división, (como todas las divisiones) tiene un carácter categorizante, e implica
valorizaciones de grado superior e inferior.
Se mantiene -inexplicablemente- hasta la actualidad, y, si lo observamos
desapasionadamente, encontraremos que es una diferencia que genera más perjuicios
que beneficios (y haciendo un juego de palabras... también genera pre-juicios).
Hay quiénes frente a estas categorías racionalizan y dicen que una artesanía puede
ser elaborada en serie, perdiendo su carácter de originalidad a lo que vale aclarar: no
confundamos arte ó artesania con manualidad, o producto industrializado, porque…,
como puede ser algo "hecho en serie" si se elaboró uno a uno?, variando el tamaño
(aunque más no sea ínfimamente)? o acaso en cada pieza no está la impronta del
momento anímico, espiritual o contextual de la persona que la realiza?..., es la mano
humana una factoría no influenciable por el medio, la mente, el estado de ánimo, las
circunstancias climáticas, lo geográfico, lo cultural, lo que le sucede a esa persona?, o
acaso el carácter de una obra de arte (pictorica, vasija, escultura, cesto, etc) no son la
expresión de un momento de esa persona que la realizó, de su momento social?...
siguiendo esta consigna no habría porque hacer diferencias entre el arte de la Grecia
Clásica y el de la Grecia Helenística... sin embargo, ambos. son diferentes porque sus
creadores pertenecían a un momento cultural y social distinto...
Otras personas dicen, bueno... la artesanía se puede comercializar masivamente y
el arte no... con todo respeto... éstos últimos son los que no leen los diarios... ya que dia a
dia vemos grandes remates de arte, comercio ilegal de arte, mercado negro... es necesario
seguir enumerando....??
Ahora bien, porqué realizar esta defensa empezando desde lo semántico? Porque
hay que empezar por algún lado y porque ya es tiempo de revitalizar y reposicionar el arte
original del país, hay que lograr que los jóvenes de todas las regiones del país dejen de ver
a la práctica de construir elementos expresivos de sus culturas como una costumbre "de
los viejos...".
Hay que recuperar esa marca de identidad que nos conforma como nación, y que
es además nuestro patrimonio intelectual, aún no se termina de visualizar que si no
reconocemos nuestro arte original, no nos reconoceremos en nuestra propia historia, ni
en nuestra propia naturaleza, la riqueza de cada tierra se perpetúa en su arte, su mimbre,
su arcilla, su algodón, etc. El arte original es un objeto que refleja formas de entender el mundo, y las
relaciones de un grupo de personas con la naturaleza de una determinada región.
Refleja, también, un estilo de convivencia, cuyo marco lo da la cooperación.
Y al igual que la lengua, la música y los ritos, el arte original permite recrear
permanentemente la identidad, ya que vincula lo cotidiano a un sentido de trascendencia
en el tiempo.
Estimados alumnos, después de la lectura y admirar lo bello de nuestra artesanía, expresa en este espacio tu opinión sobre el valor cultural de la artesanía en México. No olvides poner tu nombre completo y sección. Saludos.
El arte es una actividad humana que requiere ciertas facultades sensoriales, estéticas e intelectuales.
Estas facultades que posee el hombre, le ha permitido reproducir aproximaciones de las expresiones bellas de
la naturaleza, y con ello expresar sus sentimientos, pensamientos y emociones, a través de la forma, el
sonido, el color, el movimentos y el espacio.
A través de la historia, el hombre ha producido una serie de creaciones artísticas propias de cada época, que
marcan sus sentimientos, pensamientos y emociones íntimamente ligada a la cultura del mismo.
Existen varias definiciones de arte, que nos pueden ayudar a formar nuestra propia concepción, entre las que
se pueden mencionar: “El arte es la belleza expresada por el hombre, es el fruto de la actividad humana, libre
y desinteresada. “Es la expresión de los sentimientos a través de la forma, el sonido, el ritmo, el color y el
espacio”.
“Es un fenómeno social que expresa el modo peculiar de sentir estético de cada grupo humano de cada
época”. Y para usted qué es arte.
El profesor guatemalteco Eugenio Aragón, considera 3 etapas metodológicas del arte:
1. Plásticas.
2. Fonéticas
3. Dinámicas.
Las Artes Plásticas incluye modelado, dibujo y trabajo manual.
Las fonéticas incluyen expresión escrita del lenguaje, recitación, música y canto.
Las dinámicas incluyen danza y dramatización.
Plástica es el arte de reproducir la belleza a través de la forma expresada en diversos materiales como arcilla,
yeso, piedra, madera, metal, escultura, cerámica, pintura, dibujo y grabados.
Las artes plásticas son la facultad de las personas para expresar sus sentimientos a través de la forma,
utilizando la línea, el punto, el color y materiales diversos. Las artes plásticas se dividen en: dibujo, pintura,
escultura y arquitectura.
Estimados alumnos de tercer semestre artes. Les dejo este vídeo de este gran artista, para complementar los temas vistos en las sesiones, de igual modo te dejo un vídeo más que trata sobre la escultura y como también nosotros vamos moldeandonos esto es haciendo referencia a los ejes integrales de nuestro programa: físico, emocional, cognitivo, social y valores.
Espero sus comentarios y no olviden poner su nombre completo y sección. Saludos.
Entremos
a estimar algo de la mayor importancia: la motivación artística. ¿Por qué el
ser humano hace arte? ¿Por qué ha llegado a la creación artística? La respuesta
parece tan clara que, como diría Chesterton, ha de ser necesariamente engañosa:
el humano crea artísticamente en correspondencia con sus tendencias
estéticas, que forman parte de la esencia de su personalidad y que no se
encuentran en otras especies animales, podría ser la respuesta.
Es cierto
que el ser humano posee una tendencia estética, pero no es menos cierto que por
paradójico que pueda parecer, el arte en su origen no se produce porque dé
rienda suelta a esta inclinación aunque, como es lógico, sin ella no podría
realizarlo. Si no es por ello, hemos de preguntarnos a qué se debe que en un
momento dado el hombre iniciara la producción artística. Para entenderlo, hemos
de remontarnos al principio mismo de la historia o a aquellos estadios
culturales en que se produce una posición inicial. Es decir, no podemos saber
por qué el humano se inclina a manifestar una cualidad estética que yace
en él si estudiamos cualquier cultura evolucionada, porque en ella el impulso
adquirido, la tradición, el mismo asentamiento de la cultura, desgaja al
individuo del planteamiento primordial de los problemas creativos y de
invención. El decir, por tanto, que la inclinación innata del hombre hacia la
belleza es el origen del arte es muy problemático, porque para asegurarlo
partimos de un punto falso de arranque, ya que para sentir inclinación
hacia el arte se precisa la existencia previa de cánones que establezcan en qué
consiste lo bello y lo feo. La cualidad de discernimiento artístico nos parece,
pues, imprescindible. Esta razón es la fundamental por la cual no es posible
atribuir el origen del arte a la inclinación estética ya que si, por ejemplo,
las pinturas son para nosotros obras de arte, estamos perfectamente seguros que
no lo fueron para quien las realizó en la cueva de Santillana. Aquel
individuo realizó arte, sin duda; pero no porque empleó, sin saberlo, sus
cualidades de observación y de técnica imitativa de la realidad.
Lo dicho
es tan cierto que existe mucho mayor gusto artístico, consciente, en los
esquemáticos dibujos del neolítico, no porque artísticamente su calidad se
mejor, sino porque cabe descubrir en ellos una mas clara idea de la simetría,
de la distribución, etc.; porque encontramos en ellos unas ciertas formas a las
que no dudaríamos en atribuir técnica artística. Y lo mismo en que el
neolítico, podemos observarlo en las llamadas artes populares y de los salvajes
contemporáneos.
Una
modalidad de la tendencia artística como origen de la producción de arte podría
ser la de la ornamentación, al pensar que si el hombre en los comienzos – ya
sea de la historia o de una cultura determinada- realizó obras artísticas fue
con la finalidad de decorar sus habitaciones o los objetos de su uso. A ello
respondería, por ejemplo, la cabeza de un caballo grabada en el bastón de mando
de Mas d’Azil; pero tanto en este caso como en el de las pinturas rupestres
sabemos que no deseó ornamentar nada, sino dar cauce expreso a determinadas
ideas y concepciones de origen no artístico. Así sabemos que en la cueva de
Altamira no vivió nadie y que, por tanto, las pinturas no sirvieron para
agradar la vista de unos inexistentes habitantes, y que las pinturas que
decoran las pieles de bisonte con que los assiniboine de Arkansas
construían sus tipis o tiendas tuvieron un valor mágico, lo que nada
tiene que ver con las tendencias decorativas. Y con ello pasamos a lo que en
verdad constituye el origen de la expresión artística: razones basadas en las
creencias o producidas por los ritos.
Estamos
ya frente a lo que la mayoría de los tratadistas es el origen de gran parte de
las manifestaciones sociales, entre las que no podía faltar, como es lógico, el
arte: las creencias. El procedimiento seguido es precisamente el que hemos
empleado: el de la eliminación. Ante el problema de los orígenes de la
producción artística nos debemos de preguntar cuál es la causa y por qué,
comparando aquellas pinturas, grabados y esculturas, encuentra un enorme
parecido con los objetos mágicos y fetichistas que hacen los salvajes de hoy.
No hemos de detenernos ahora en estimar la mayor o menor antigüedad del
fetichismo, la magia o el animismo, porque esto será tarea de un capítulo
aparte; pero establezcamos bien que el arte comenzó a producirse por razones
que tenían su origen en el modo de concebir las relaciones del hombre con lo
desconocido por parte de los más antiguos.
Obermair
hace notar, en sus estudios sobre Altamira, que no cabe la menor duda de que
los “frescos” tienen un origen mágico-cazador. Esta suposición descansa en la
idea del animismo, cuyas últimas consecuencias se enlazan con la brujería
moderna. Si se representa la imagen del animal que se desea cazas, se sujeta su
alma y si después se clava en la representación gráfica un dardo, como parece
frecuencia, se tendrá virtualmente cazado al animal.
Esto en
lo que se refiere a imágenes donde la interpretación puede ser subjetiva; pero
se muestra mucho más claro en aquellas producciones artísticas cuya motivación
no precisa de excesiva explicación. En el caso de objetos, como el indicado
antes de Mas d’Azil u otros bastones de mando, en los que la idea de significar
la jerarquía ha sido la causa artística, o casos en que se ve claramente, como
en el neolítico, que se trata de amuletos, de pequeños fetiches y de
representaciones mágicas.
Sea
por la causa que fuere – siempre de origen religioso, llamémosle
así, y jerárquico -, lo cierto es que el hombre en sus orígenes no hizo “arte
por el arte”, y que éste no noche, por tanto, ni del sentimiento estético ni de
la inclinación al goce artístico. Esto no debe interpretarse, tampoco, de un
modo absoluto. Si bien estas razones, puramente estéticas, no son el origen
ni la fuente, sería ingenuo creer que sin ellas no existiría el arte. De
modo que precisamente porque el hombre tiene una tendencia estética y dado que
tiene dotes de observación y de reproducción, reduciendo a esquemas y
líneas lo que se va eliminando sólo por las sombras y los colores en la vida
real, se hace posible que, de causas sociales y religiosas que nada tiene que
ver con el arte, nazca poderoso y esplendente todo lo que ha de formar el
cuerpo artístico de la historia humana.
Añadamos
a esto algo sin lo cual el arte no hallaría su fondo y su ambiente: el deseo y
el sentido decorativo que es en sí, además, una inclinación artística. En este
sentido y ansia de la decoración interviene toda la humanidad como cuerpo y
agente del arte y de la historia. No es sólo el artista, el productor y creador
de arte quién cumple con esta tendencia, sino la sociedad integra, lo que es de
una enorme importancia, porque vemos al arte como una producción del mundo
humano y, por tanto, como un hecho cultural, cuya reseña no puede dejarse de
hacer como signo de preocupación y creación cultural del individuo. Hay una
última razón que en los orígenes y en la producción general del arte no deja de
tener valor la voluntad de perpetuación, de memoria y de comunicación. El
hombre desea que otros sepan de él, de sus actos, hecho en el cual se
encuentran unidas las dos tendencias, la comunicación y el deseo de que se
guarde memoria. La tendencia que incita a las clase populares a escribir su
nombre en las paredes o a los chasquillos a grabar en la cortea de los árboles
iniciales y signos, responden a esta razón. Si recordamos que la escritura en
un comienzo fue “ideografía”, no precisamos mucho argumento para colocar entre
las motivaciones del arte este deseo de simbolizar o representar artísticamente
la realidad visible con deseo de comunicar algo o de transmitir un testimonio
de los hechos.
Después de analizar la lectura y de ver los videos que se encuentran arriba, comparte en este espacio tu opinión sobre la motivación personal, artistica, deportiva, profesional, etc; Que factores crees que son determinantes para estar altamente motivados? Espero tus comentarios.
Por creatividad se entiende a la facultad que alguien tiene para crear y a la capacidad creativa de un individuo. Consiste en encontrar procedimientos o elementos para desarrollar labores de manera distinta a la tradicional, con la intención de satisfacer un determinado propósito. La creatividad permite cumplir deseos personales o grupales de forma más veloz, sencilla, eficiente o económica.
Partiendo de dichas acepciones podríamos establecer como ejemplo las siguientes frases: “Miguel de Cervantes fue alabado por su gran creatividad gracias a la cual nació una de las obras cumbres de la Literatura Española, Don Quijote” o “José era un inventor que, sin duda alguna, debía parte de su éxito a su creatividad ya que era capaz de crear los aparatos más singulares y llamativos”.
Generar ideas e impulsar propuestas novedosas también se conoce como capacidad de inventiva, pensamiento original, pensamiento divergente o imaginación constructiva. Se trata de conceptos y nociones que describen a la predisposición para inventar algo (es decir, aprovechar y hacer uso del ingenio), la habilidad para hallar caminos originales y la voluntad de transformar el entorno.
Desde diversas ramas y disciplinas, la ciencia se encarga de poner a la creatividad en foco, en busca de soluciones, respuestas y términos lógicos precisos. La inventiva puede considerarse desde una perspectiva técnica como un proceso, como una característica de la personalidad o como un producto.
Para la psicología, el pensamiento divergente es una actividad amparada en la imaginación, que consiste en realizar una acción nueva o un mismo plan pero de manera diferente. Muchos especialistas han analizado la relación entre la creatividad y la inteligencia.
Para la sociología, en cambio, la imaginación constructiva surge a partir de la intervención de tres variables: el campo (los grupos sociales), el dominio (el área o la disciplina) y el individuo. Esto quiere decir que un individuo concreta cambios en el marco de un dominio que son analizadas desde un grupo social.
A escala más general, puede afirmarse que un sujeto creativo goza de confianza en sí mismo, fineza de percepción, capacidad intuitiva, imaginación, entusiasmo y curiosidad intelectual.
En el ámbito artístico es frecuente que se mida la creatividad del autor de una obra en cuestión comparándolo así con otros contemporáneos. Entre las distintas medidas que existen para puntuar el grado de facilidad de creación y de innovación que tiene un artista en cuestión se utilizan parámetros tales como la fluidez, la originalidad, la sensibilidad, la abstracción, la síntesis o la flexibilidad.
Siguiendo en este campo podemos determinar que a lo largo de la historia muchos han sido los pintores, escultores o escritores que han sido admirados por sus grandes dosis de creatividad. Este sería el caso, por ejemplo, de artistas de la talla del pintor holandés Van Gogh.
Después de ver este material y de haber desarrollado en la sesiones tu creatividad con todos los productos realizados, papiroflexia, cuento, marionetas, exposiciones de música, danza, etc. comparte en este espacio tu conclusión personal sobre el tema y como te sientes en ahora que has experimentado estos procesos.
Probablemente la definición más común de belleza sea la que indica que «es lo que proporciona gozo a los sentidos». Sin embargo, esta declaración, en apariencia tan nítida y neutral, puede de inmediato someterse a toda clase de cuestionamientos, porque, inevitablemente, nos remite a cuán diferentes pueden ser los estímulos que le producen placer sensitivo a un individuo respecto de otro.
Platón asociaba la belleza con la bondad, la luz y el resplandor de la verdad; Aristóteles, con la grandeza, el orden, la simetría y la delimitación; San Agustín, con la unidad en la muchedumbre y la variedad; los neoplatónicos, con la inteligencia y el bien. En los tratados clásicos de estética, por su parte, se habla de tres elementos esenciales de toda obra bella: integridad, orden y resplandor.
Además, en numerosos ensayos se pondera que la belleza depende de la síntesis de la forma y el contenido —o la función, en términos de diseño arquitectónico o industrial—. Finalmente, todos conocemos la tesis del «arte por el arte», en la que se desdeña la importancia del contenido o de los aspectos utilitarios respecto del resultado formal.
Pero, al margen de las consideraciones metafísicas y de la evidente diversidad en las finalidades y medios de expresión de las distintas manifestaciones del arte, conjeturar sobre la belleza nos conduce a conclusiones relativistas o descripciones metaforizadas, en las que el ingrediente subjetivo o la dificultad de definirla no pueden soslayarse.
Así, Goethe decía que «nuestro entendimiento de una obra de arte, lo mismo que el de una obra de la naturaleza, es siempre inconmensurable. La contemplamos, la sentimos; es eficaz, pero elude el conocimiento exacto y su esencia; su calidad no puede expresarse en palabras».
Por su parte, Marcel Proust señaló que «desde el momento en que las obras de arte son juzgadas mediante el razonamiento, nada es estable o seguro y se puede demostrar cualquier cosa que se quiera». En un notable ensayo1, Susan Sontag afirma que, para Paul Valéry, la naturaleza de la belleza no puede ser definida; la belleza es, precisamente, lo «inefable». Esa incapacidad de objetivar el fenómeno ha dado lugar a un lenguaje equívoco que habla de objetos «interesantes», «atractivos», «sugerentes» u «originales», y que utiliza muchos términos para describir las características de una determinada obra de arte —armonía, unidad, equilibrio, coherencia, riqueza expresiva, emoción, vigor, impacto, plasticidad, movimiento, ritmo, colorido, complejidad, sencillez, pureza, delicadeza, profundidad, alegría, espiritualidad, signficación, etcétera—, que, aunque pueden ser útiles y certeros, también son eufemismos tramposos que contribuyen a la confusión o a reforzar la postura de quienes piensan que hablar de belleza es un anacronismo, una simplificación propia de personas poco cultivadas.
LA BELLEZA Y LA MODA
La moda indudablemente influye en los procesos de producción y apreciación de lo que conocemos como «arte», pero es incuestionable que esa influencia tiene un sustento y un propósito mercantil tan banal como poderoso para una sociedad consumista. A propósito de la tiranía de la moda, acudo a una reflexión del escritor español Antonio Muñoz Molina: «Creemos sinceramente estar disfrutando de algo y de lo único que estamos disfrutando de verdad es de la abyecta complacencia en lo que otros han decidido que debe gustarnos [...] Tal vez no haya más aprendizaje verdadero que el de la libertad del propiogusto, […] esa modesta rebelión contra la voz secreta de lo obligatorio que nos convierte en ventrílocuos inconscientes de los designios de otros»2. Esta reflexión nos conduce, de nuevo, al reconocimiento de que la subjetividad está presente en todo juicio sobre el arte y la belleza.
Me gusta también, a manera de conclusión, esta frase de Susan Sontag: «La atribución de belleza nunca dejó de entremezclarse con valores morales. Lejos de ser polos opuestos lo estético y lo ético —como insistieron Kierkegaard y Tolstoi—, lo estético es en sí mismo un proyecto casi moral».
LA FEALDAD
Ahora bien, hay que preguntarse si la dificultad de ponerse de acuerdo en materia de belleza está presente también en lo relativo a la fealdad. En principio, la respuesta es sí; aunque, a mi juicio, existe una definición más o menos clara: es feo todo aquello que está notoria y arbitrariamente impuesto o descontextualizado en términos históricos, sociales, ambientales, formales, técnicos o económicos; es decir, todo lo que aspira a ser lo que no puede ser, pero que nunca puede confundirse con lo bello.
Existe una brillante definición de lo cursi, que nos dice que es «lo exquisito frustrado» —no sé a quién se le debe, pero me parece inmejorable—, y que perfectamente puede aplicarse a lo ridículo o grotesco, que son, según creo, las categorías más elevadas de la fealdad, y que en la arquitectura de nuestro país —para circunscribirnos al llamado «arte social por excelencia»— son las más visibles y de las que es imposible sustraerse en la experiencia cotidiana. Esta fealdad abarca desde los pastiches historicistas —remedos de colonial mexicano, mansardas, balaustradas, frontones neoclásicos, columnas jónicas, pirámides prehispánicas, etcétera—, hasta las pretensiones de una expresión de modernidad que intenta reproducir la estética de las naves espaciales o las tipologías arquitectónicas más vanguardistas del star system, y que a las pocas semanas acusan los defectos de una deficiente tecnología.
Existen muchos ejemplos de realizaciones que pretendieron rebasar sus posibilidades reales, de obras que «quisieron, pero no pudieron»: monumentos burdos y desproporcionados en honor a la Madre, el Niño o toda clase de gestas y prohombres de la historia; gratuitos, chabacanos y escenográficos formalismos de arquitectos ávidos por llamar la atención para que se les reconozca; galerones forrados de toda clase de ornamentos para «meter la pala»3; en fin, arquitectura chatarra de todo género y estilo que no reconoce su escala, su entorno, los materiales y procedimientos constructivos a su alcance ni las condiciones climáticas del sitio.
Con frecuencia se afirma que tal o cual ciudad de nuestro país es bellísima, pero lo cierto es que nuestras urbes han crecido y siguen creciendo mal, sin orden ni concierto, más allá de los límites que imponen los especuladores inmobiliarios y los políticos, que no obedecen a un criterio de enriquecimiento ambiental, sino mercantil, y a una sensibilidad arquitectónica deplorable.
La falta de calidad formal no es algo que deba asociarse con la pobreza únicamente, pues algunas de las peores aberraciones pueden encontrarse en las colonias más «pomadosas» de cualquier población. En la ciudad de México hay desarrollos que debieron ejemplificar lo que puede lograrse con una planeación urbana adecuada, pero que resultaron fallidos. Hay algunos edificios arquitectónicamente valiosos, que son parte de un conjunto desarticulado e inhóspito, en especial para el peatón.
Es una aspiración legítima, casi una necesidad, vivir en un entorno armónico y agradable. Para lograrlo, es imperativo que desarrollemos una mayor cultura arquitectónica que nos permita apreciar mejor nuestro patrimonio, tanto como impedir que la arquitectura chatarra se multiplique.
Para saber más de lo feo y lo bonito de los monumentos nacionales, lee “Belleza y fealdad” de José Ignacio Nuño Morales en Algarabía 49, p. 73.
Una alimentación sana y un aporte de liquido adecuado son, junto con la actividad física, constituyentes fundamentales de los estilos de vida saludable.
A continuación de te dejo una liga de lectura para que en conjunto con tu material de lectura y la exposición en la sesión, hagas una reflexión sobre tu propia ingestión de agua, compártela en este espacio. http://www.dads.state.tx.us/texercise/programs/fitforhealthofit/factsheets/espanol/HydrationFacts.pdf